BUSCADOR CATÓLICO

miércoles, 9 de abril de 2008

EN EL DESIERTO




Contemplemos hoy las tentaciones de Jesús en el Desierto. Podríais pensar que voy a destiempo, y litúrgicamente es verdad. Sin embargo, creo que nos vendría muy bien meditar un poco sobre qué significan, pues en Tiempo Pascual, que es cuando la Luz está entre nosotros, es quizá cuando también puede apretar más el Maligno.


Ante todo, una aclaración: cuando el diablo tienta, es porque existe la posibilidad real y plausible (y él lo sabe) de que le escuchemos y obremos el pecado que nos propone. Esto, para Jesús es lo mismo. Él no pecó porque no quiso, porque se había encarnado por Amor, y porque siendo Dios, no iba a obrar contra el Bien, que es Él mismo. Ahora bien, tenía la total y plena libertad para escoger el mal, y de haberlo hecho nada se lo hubiera impedido. De hecho, habría significado que Dios se inclinaba al mal, al pecado, a la autonegación. Pero, repito, era plenamente libre. Desterrada debe quedar la concepción de que era imposible que pecara, como si alguna fuerza invisible se lo impidiera. Decimos que era "perfecto Dios y perfecto hombre", ergo tenía libertad, al igual que sentía hambre, sed, debilidad y estaba sometido a toda contingencia humana.


El escenario, el desierto. Bíblicamente, no hace falta decir que es lugar de encuentro con Dios, de búsqueda de su Voluntad, de purificación, de preparación, de maduración... Jesús va a empezar su Vida Pública. Pero antes, busca una intimidad con el Padre, en abandono a Él, para luego poder salir al mundo y dar a conocer a Dios. Busca al Padre para salir del Padre al mundo. Es el Eterno movimiento Trinitario. Y el diablo lo sabe. Y va a proponerle un plan alternativo: que lleve a cabo el mesianismo que espera Israel, no el que quiere traer Él. Por tanto, un mesianismo de gloria, materialista, de liberación de la esclavitud romana, de poder y sometimiento del mundo a la voluntad divina, sometida a su vez al poder del pecado y de la muerte - "si me adoras" - . Da escalofrío pensar lo que habría podido suceder en caso que esa posibilidad (del todo improbable, pero posible al fin y al cabo) se hubiera producido: Dios de la mano del diablo. El Bien de la mano del mal. El fin de toda esperanza para el hombre. Pero eso, con sus dificultades inescrutables de comprensión, no sucedió, y seguro - tampoco hace falta decirlo - que Jesús no sintió ninguna inclinación o duda al respecto. Por eso, debemos vigilar, porque "se retiró hasta un tiempo oportuno". O sea, hasta el momento de la Pasión, para proponerle otra vez lo mismo - como que bajara de la Cruz -. Si Dios mismo, Encarnado y por ello frágil, sintió la tentación, debemos orar y velar, para que la Palabra siempre salga vencedora en nuestro constante combate contra el pecado. Francisco "respondía al Juez, oraba al Padre, conversaba con el Amigo, se deleitaba con el Esposo". Adorando, Dios siempre será la referencia de nuestras vidas, y entonces poco podrá el diablo.