BUSCADOR CATÓLICO

lunes, 19 de noviembre de 2012

Los Rayos de Luz.

Del Epistolario del Padre Pío con Raffaelina Cerase, Terciaria (25/04/1914):

"Y bien estos son los signos para conocer si los rayos de luz provienen del Padre de las luces. Estos signos se reducen a tres. El primero es que esas luces producen un conocimiento de Dios siempre más admirable, el cual, a medida que se nos descubre, nos da siempre una idea más alta de su incomprensible grandeza. Esa luz nos lleva al fin y al cabo a amar más a Dios nuestro Padre y a sacrificarnos siempre más por su honor y por su gloria. El segundo signo es un conocimiento cada vez más profundo de humildad ante el pensamiento tan vil de que la creatura haya osado ofenderlo, y que incluso ose mirarlo, observarlo. El tercero es que estos rayos celestiales producen en el alma un desprecio cada vez más grande por todas las realidades terrenas, exceptuando sólo las que pueden ser útiles para el servicio de su Dios.

Ahora, si esos rayos de luz producen estos tres efectos en el alma, retenlos como provenientes de Dios".
Pace Bene.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Los Peligros del Yoga


tomado de forosdelavirgen.org

El Padre. James Manjackal nació en 1946 en Kerala al Sur de India, y fue ordenado sacerdote católico en 1973 en la Congregación de los Misioneros de San Francisco de Sales [3] (M.S.F.S). 

Es un predicador carismático que ha dado la vuelta al mundo predicando en retiros, convenciones y servicios de sanación, teniendo a su cargo escuelas de evangelización y misiones entre musulmanes. En 1989 fundó “Charis Bhavan”, el renombrado centro carismático de retiros en Kerala. 

Por ser indio, es gran conocedor de las corrientes espirituales que nacen en Oriente, en especial el Yoga, la Nueva Era, el Reiki… y expone sobre las razones por las que el Yoga y el Reiki son incompatibles con el cristianismo. Sin dudas un tema polémico. 

Manjackal dice que el 80 por ciento de los cristianos que se han zambullido en el Yoga, el Reiki o la reencarnación, han perdido su fe.

martes, 27 de diciembre de 2011

¡Aleluya!


Un niño se nos ha dado, ¡Aleluya! Que con el corazón puro, a semejanza de Francisco y de los pastores que adoraron al Niño aquella Noche Santa, sepamos recibir a Dios, y hacer de Él el centro de nuestras vidas.

Muchas Felicidades.

PACE BENE.



domingo, 27 de noviembre de 2011

Segunda epíclesis: la Consagración.

Llegados al momento culminante de la Celebración, el Sacerdote pronuncia sobre el Pan y el Vino las misma Palabras de Jesús, y transforma dichas especies en el Cuerpo y la Sangre de Jesús.

jueves, 13 de octubre de 2011

El Evangelio, primera epíclesis.



Sabemos que quien proclama el Evangelio en Misa es siempre el sacerdote o el diácono, nunca un seglar. si bien la primera (y segunda si la hay) lectura y el salmo es preferible que los proclame un laico, el texto evangélico se reserva a un Ministro.

En efecto, el sacerdote actúa en nombre de Cristo. Es más, actúa como Cristo mismo. Nos recuerda J.P. II que, en la Consagración, el sacerdote presta su voz a Cristo mismo, que es quien de hecho consagra el Pan y el Vino por el Espíritu. El diácono, ministro que sirve a la Iglesia, también puede, en virtud de su ordenación, leer el Evangelio. Como especifica el Catecismo, el diácono debe imitar a Cristo "diácono", es decir, servidor de todos. En este sentido, y en virtud del Orden que le confirió el Obispo, representa a Cristo.

Por tanto, es un momento importantísimo de la Misa aquel en el que oímos la Proclamación del Evangelio. Nos ponemos de pie, porque es Cristo mismo quien habla, y aquí los Liturgistas hablan de una epíclesis distinta a la de la Consagración. En efecto, el Espíritu santo desciende sobre la Asamblea, significando y haciendo presente a Cristo. Es una primera epíclesis, una primera invocación al Espíritu para que haga presente a Cristo y así se manifieste a la Asamblea, la cual escucha y acoge con gozo su Presencia y su Palabra, siempre viva, siempre actual, que siempre nos dice algo, como les decía a los que le escuchaban en el Monte de los Olivos, o a la vera del camino, o como le dijo a Natanael quien, al sentirse reconocido, creyó en Él.

Por eso se inciensa el Evangeliario (o Leccionario), porque se hace ofrenda en la que Jesús se va a encarnar a través de su Palabra, pues Él es la Palabra del Padre. Al proclamarse la Palabra, se proclama, "se trae" a Cristo o, mejor, Él viene en su Ministro. Por eso se besa el Evangeliario o Leccionario, porque se besa al mismo Cristo, venerándole y dándole gracias porque hemos podido oír y reconocer sus "Palabras de Vida Eterna", como dirá Pedro en Jn 6.

De ahí que es un momento especial, sagrado, que debemos vivir con particular atención, prestando todos nuestros oídos y sentidos a Jesús quien, como hizo 2000 años atrás, viene a hablarnos, a salvarnos, a instituir signos en nuestra asamblea. En este sentido, y menos si tenemos en cuenta lo va a venir en la Liturgia Eucarística, no debemos envidiar a los que fueron contemporáneos de Jesús y le vieron y hablaron.

Pace Bene.


martes, 4 de octubre de 2011

Feliz día de San Francisco.



Celebramos hoy la fiesta del más universal de los santos: Francisco de Asís. Él encarnó como nadie el Evangelio y amó con todas sus entrañas, sin reservas. Su novedad, su frescura, su atractivo... resultan no sólo de lo cortés de su personalidad y de su forma de estar ante los demás. Lo radicalmente nuevo de Francisco es... su radicalidad. No se reservó nada: ni hambre, ni sueño, ni tiempo, ni el propio "yo", ni su opinión, ni, sobre todo, su voluntad. Dejó que el Señor ocupara y se ocupara de todo eso, confiando en Él... Por eso creció en el conocimiento y en el Amor a Jesús, y desde este conocimiento y Amor a Jesús creció y comprendió el Amor a los demás, a los que llamó "hermanos". Desde esta vivencia profunda de Fraternidad, acogió en su corazón a la Creación, y la Creación le correspondió. Predicó el Evangelio a todos los que se encontró... aunque tuviera que ir para ello a Tierra Santa, entre sarracenos. Amó y veneró profundamente a María Santísima, a quien tuvo siempre como su Madre. Como dirá Ignacio Larrañaga en "El Hermano de Asís": reconcilió el espíritu con la materia. Y, antes de partir al Padre, Jesús lo adornó con sus Preciosas Llagas, signo manifiesto de su entrega y su Amor.

Feliz día de San Francisco! Que el Señor nos bendiga.

viernes, 30 de septiembre de 2011

La intercesión eucarística.

Rezamos en Misa:

Yo confieso ante Dios Todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho, de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,que intercedáis por mí ante Dios nuestro Señor. Amén.


Es lo que conocemos como el "Yo confieso" o el "Confiteor". Se articula en dos partes:

 - En la primera, confesamos nuestra condición de pecadores, ante Dios y ante los hermanos, es decir, ante todos aquellos, conocidos o no, queridos o menos queridos, con los que compartimos la Celebración Eucarística. Y, porque reconocemos nuestra condición pecadora, en la segunda

 - Rogamos intercesión: de la Virgen, los ángeles y los santos... y de "vosotros hermanos". Estamos pidiendo a los demás que recen por nosotros y, a la vez, debemos rezar por los demás. Lo que estamos haciendo al rezar el "Confiteor" es unirnos ya desde el principio de la Celebración, como hermanos alrededor de un Padre y una Mesa comunes, para participar del Sacrificio del Hijo por el Espíritu.

Aunque no es mi intención ahora profundizar en lo que significa la oración de intercesión, sí diré que esta oración de intercesión debe bañar toda la Celebración y, aunque debemos centrarnos en acoger las Gracias que el Señor nos procura, debemos también pedir, con todas nuestras fuerzas, las mismas Gracias para los demás, con los cuales formamos, una vez Consagrados el Pan y el Vino, un solo cuerpo y una sola Fraternidad. Debemos, pues, orar ante el Padre a través del Hijo. De esta forma, la Misa cobrará un sentido plenamente fraterno, y celebrando junto con los demás, estaremos uniéndonos a ellos de una forma invisible, pero cierta, profunda y más indeleble que cualquier amistad o forma de relación humana. No seremos islas en la celebración, sino un solo cuerpo, una sola voz.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Mateo, llamado por Jesús, llamado por el Espíritu

El Evangelio de hoy ilustra perfectamente lo que es una vocación. Sin embargo, corremos el riesgo de quedarnos solamente en la frase "ven y sígueme", y verla sólo desde fuera y no percibir, por tanto, el profundo movimiento pneumático que contiene y por el cual son suscitadas dicha llamada y dicha vocación.

domingo, 11 de septiembre de 2011

La Liturgia, animada por la Eucaristía.




El Pan Nuestro de cada día: tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, Dánosle Hoy: para que recordemos, comprendamos y veneremos el amor que nos tuvo y cuanto por nosotros dijo, hizo y padeció.
(Par PN, 6).


Es necesaria una pastoral renovada y atenta sobre el significado, el alcance y la adecuada vivencia del Misterio Eucarístico, en lo que contiene y es propiamente (Mistagogía) y en cuanto que jalonado por la Liturgia (λάος (láos) = pueblo, y έργον (érgon) = trabajo, obra - es decir, "acción del Pueblo").

sábado, 4 de septiembre de 2010

Arregui, o que todavía se puede rectificar

La verdad es que no me gusta opinar de según que situaciones, que son en sí mismas tristes y penosas, tanto para quienes las viven desde dentro como para los de fuera, que nunca verán, a este paso, nada atractivo ni en la Iglesia ni en Jesús. Y eso es culpa nuestra. Se nos pedirán cuentas.

He leído con pena la entrevista a Arregui. Como Franciscano, no puedo mantenerme al margen. Es una lástima que un hermano mío, hijo de Francisco, cometa el error que justamente diferenció a los herejes del s. XIII del Hijo de Asís. Es una pena ver cómo, de forma pública y notoria, y hasta con aparente tranquilidad, un hijo de Francisco deja la Orden en base a criterios propios, cuando menos muy humanos, pero desde luego no en la línea de Francisco.

Y desde esta pena, le diría a Arregui que:
- si la Iglesia de hoy está tan mal, según Él, no debe olvidarse de cómo estaba en el s. XIII, con Inocencio III a la cabeza, siendo éste el Papa más poderoso - en lo material y lo político - que jamás ha tenido la Iglesia. El descuido de la espiritualidad, de la Liturgia y los Sacramentos; las Cruzadas; el poder espiritual, tan unido y casado con el terreno... daban muchos motivos de queja entre los fieles que, a menudo, olvidaban que ellos también eran Iglesia. Los cátaros y albigenses, por ejemplo, fracasaron al separarse de la Iglesia, esa Iglesia necesitada de profunda reforma, de aliento pentecostal. Francisco fue, en cambio, humilde, fiel a su vocación: "Francisco, ve y repara mi Iglesia..." y, aunque le dolía ver a su Iglesia, fue fiel como nadie a sacerdotes, obispos, cardenales y al "Señor Papa". Esta actitud de profundo amor reverencial, viendo en su superior a Dios, y no tanto a la persona, fue la línea maestra de su espiritualidad inserta en Cristo Crucificado. De esa línea sacó muchos frutos.
- Arregui se ha olvidado, en base a muchos motivos seguramente muy justificables desde un punto de vista humano, de su Consagración, que no es sino unión amorosa y total a Cristo. Es un Desposorio, y si no lo vemos así deberíamos meditar más y mejor a Francisco. Un voto no se deja así como así. Es más, igual que el sacerdocio, marca carácter, y jamás se desprenderá de Él, aun cuando no haga más que darle la espalda. De hecho, recordemos a Francisco una vez más:

Y si alguna vez el súbdito ve cosas mejores y más útiles para su alma que aquellas que le ordena el prelado, sacrifique voluntariamente sus cosas a Dios, y aplíquese en cambio a cumplir con obras las cosas que son del prelado. Pues ésta es la obediencia caritativa, porque satisface a Dios y al prójimo. Y si a causa de eso sufriera la persecución de algunos, ámelos más por Dios. Pues quien sufre la persecución antes que querer separarse de sus hermanos, verdaderamente permanece en la perfecta obediencia, porque da su vida por sus hermanos. Pues hay muchos religiosos que, so pretexto de que ven cosas mejores que las que les ordenan sus prelados, miran atrás y vuelven al vómito de la propia voluntad; éstos son homicidas y, a causa de sus malos ejemplos, hacen que se pierdan muchas almas. (Adm 3).

Creo que el "Poverello" no puede ser más claro. Si damos la espalda a esto, allá nosotros, franciscanos de medio pelo. Pero si lo abrazamos, y con la ayuda de la oración lo interiorizamos, mejor para nuestra alma, porque estaremos cerca de Dios.

- Clara de Asís estuvo años "resistiendo" al Papa, para que le concediera el Privilegio de la Pobreza. Sabía que era algo que venía de Dios y, aunque hubiera obedecido a lo que le dijera el Papa, sus penitencias y oraciones le valieron que el Papa Inocencio IV, en el lecho de muerte, le concediera la Bula del "Privilegium Paupertatis". Por tanto, criticar, desobedecer y huir con el rabo entre las piernas no es la mejor solución, ni de lejos.

- No podemos sujetarnos a los criterios del mundo. Es una pena ver que Arregui se contenta con ver que la gente le apoya. No cae en la cuenta de que el mundo siempre aplaudirá nuestra infidelidad, y nuestros deseos de separarnos de Dios y de las cosas espirituales. Ojo, que el mundo ya ha sido juzgado. Cuidémonos de unirnos a él.

- Es cierto que como Franciscanos, nuestra "jurisdicción" no es diocesana, sino que dependemos de Roma. Pero debemos recordar también que:
El bienaventurado Francisco añadió: «Cuando los hermanos llegan a una ciudad donde no tienen lugar y encuentran quien quiera darles terreno suficiente para edificar el lugar, tener huerta y cuanto necesiten, lo primero que han de ver es cuánto terreno les basta, teniendo en cuenta siempre la santa pobreza que prometimos observar y el buen ejemplo que hemos de dar a los demás».

El santo Padre hablaba así porque quería librar a los hermanos de todo pretexto para violar la regla de la pobreza en sus casas, iglesias, huertas y demás cosas de su uso. Quería que no fuesen propietarios de ningún lugar, sino que siempre viviesen en ellos como peregrinos y forasteros (Test 24; 2 R 6,2). Quería por ello que en cada lugar no fuesen colocados muchos hermanos, porque le parecía difícil para una comunidad numerosa observar la pobreza. Desde el principio de su conversión hasta el día de su muerte, su deseo constante fue que se guardara perfectamente la santa pobreza.«Luego deberían ir al obispo y dirían: "Señor, fulano de tal quiere, por amor del Señor Dios y bien de su alma, darnos el terreno necesario para la construcción de un lugar. Nuestra primera diligencia es acudir a vos, sobre todo porque sois el padre y maestro de las almas que forman la grey que se os ha confiado, así como también de las nuestras y de las de los hermanos que permanecieren en este lugar. Con la bendición del Señor Dios y la vuestra, queremos edificar en dicho lugar"».

Hablaba así el Santo pensando que el bien de las almas que los hermanos desean conseguir en el pueblo, se consigue mejor viviendo en paz con los prelados y los clérigos, pues así ganan para Dios a éstos y al pueblo, que no ganando sólo al pueblo, con escándalo de los prelados y clérigos.

Decía él: «El Señor nos ha llamado en ayuda de su fe y de los prelados y clérigos de nuestra madre la santa Iglesia. Por eso debemos, en la medida de lo posible, amarlos siempre, honrarlos y venerarlos. Los hermanos se llaman menores porque, de la misma manera que por el nombre, también por su conducta y ejemplo deben ser humildes con todos los demás hombres de este mundo. Cuando al principio de mi conversión me separé del mundo y de mi padre carnal, el Señor puso sus palabras en boca del obispo de Asís para darme consejo y ánimo en el servicio de Cristo. Por esta razón y por otras muchas cualidades eminentes que aprecio en los prelados, quiero amarlos, venerarlos y tenerlos como a mis señores; y no sólo a los obispos, sino también a los pobrecitos sacerdotes"... (LP 58).

No sólo reverenciaba a los obispos, sino que recuerda que del primero que recibió consejo y asistencia espiritual fue el Obispo de Asís, a la sazón Guido. Siempre tuvo el corazón y el alma abiertos a los "peones" de una Iglesia que ya era anacrónica e inhumana a veces. Arregui no ha descubierto América. Lo que pasa es que ha caído quizá en lo que podemos caer todos: separarnos de las fuentes, de nuestra raíz franciscana, hasta el punto de que nos puede parecer un conjunto de bellas historias, nada más, que ya no tienen nada que decirnos hoy. Pero es lo contrario: lo que vivió Francisco es la experiencia más absoluta de Dios, en Pobreza, Obediencia y Humildad. Olvidado de si y atento a Dios, no a sus propios criterios. Y esa experiencia es la que decidimos vivir al consagrarnos.

- Jesús tampoco fue un soñador. Al contrario, sus actos no pudieron ser más concretos, aun cuando sabía que no todos responderían. Pero subió a la Cruz por todos, aun sabiendo que muchos desertarían, escandalizados porque la Cruz pide mucha Humildad y mucha Caridad. La inseguridad y el conflicto nos lo creamos solitos, con nuestra propia infidelidad. De nuestro pecado nunca cosecharemos paz.

Lo mejor que podemos hacer siempre, en cualquier fase complicada de nuestra vida, es ponernos ante el Sagrario, meditar, pedir Luz al Espíritu Santo y, pensando que quizá podemos estar equivocados (lo cual es siempre muy probable, salvo que tengamos una vida interior descomunal) analizar cada situación a la Luz del mismo Espíritu y, las conclusiones que saquemos, plasmarlas en hechos concretos. Sobre todo, porque siempre estamos a tiempo. El Padre nos espera con los brazos abiertos.

Debo decir también que no gana la libertad, ni mucho menos. Al menos no la libertad evangélica, la que es propia de una Consagración vivida en Fidelidad y Amor. Sí gana, por desgracia, la libertad del mundo, la de los mínimos éticos, que en nada compromete y que tanto margen da, que al final corres el riesgo de perderte en tanta "manga ancha" y tanto "todo es relativo, luego todo vale con tal de ser feliz". Sólo la verdadera obediencia te hace realmente libre:
La santa obediencia confunde a todas las voluntades corporales y carnales, y tiene mortificado su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su hermano, y está sujeto y sometido a todos los hombres que hay en el mundo, y no únicamente a solos los hombres, sino también a todas las bestias y fieras, para que puedan hacer de él todo lo que quieran, en la medida en que les fuere dado desde arriba por el Señor. (SalVir).

Que el Señor te bendiga, Hermano Arregui.

lunes, 30 de agosto de 2010

Reflexión del Mensaje del 25 de Agosto de 2010 por el Padre Francisco Angel Verar

Mensaje de la Santísima Virgen María Reina de la Paz, del 25 de agosto de 2010, Medjugorje, Bosnia Herzegovina.


"¡Queridos hijos! Con gran alegría, también hoy, deseo nuevamente invitarlos: oren, oren, oren. Que este tiempo sea para ustedes tiempo de oración personal. Durante el día busquen un lugar donde, en recogimiento, puedan orar con alegría. Yo los amo y los bendigo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!".


Una vez más, la Virgen cumple con su cita habitual para darnos un hermoso mensaje a través de la vidente Marija. Se recuerda, que las apariciones diarias continúan para Iván, Marija y Vicka, pero el mensaje, mensualmente, nos viene por medio de Marija. Los otros tres videntes tienen la aparición una vez al año y Mirjana, tiene todavía el encuentro mensual de oración, el día dos de cada mes, por quienes no experimentan el amor de Dios en sus corazones. Y para tal ocasión, también la Virgen da un mensaje, especialmente, para los peregrinos que participan en la aparición.


La Virgen este mes en su mensaje, ha hecho referencia a la alegría especial que la acompaña durante estos días. Seguramente, debido a la cantidad de peregrinos que, como nunca antes, visitan estos días Medjugorje. Como detalle particular, la concelebración eucarística cada día, rebasa los ciento veinte sacerdotes, provenientes de numerosos países, y la Misa internacional permanece abarrotada de fieles, con la peculiaridad, que difícilmente se encuentra puesto para participar sentado.


Los videntes siempre han destacado que en cada aparición, la Virgen se les aparece alegre. Sin embargo, en este mensaje, Ella misma ha querido que todos los peregrinos, y quienes siguen sus mensajes en todo el mundo, sean conscientes de la alegría que experimenta en esta ocasión. Por eso ha dicho: "Con gran alegría, también hoy, deseo nuevamente invitarlos..."


Seguidamente, el mensaje dice: "oren, oren, oren". Quienes siguen de cerca los mensajes de la Santísima Virgen María, a lo largo de estos veintinueve años, dos meses y un día que tiene de estarse apareciendo en Medjugorje, sabe muy bien cuántas veces la Madre ha hecho esta llamada. Que no es otra cosa que una triple invitación al amor hacia Dios. Esta invitación no es nueva. Lo que sí es nuevo, que en el mes de agosto de 2010, cuando muchos todavía están de vacaciones en Europa, la Virgen, renueve la triple invitación a permanecer en Dios. La Madre, en lugar de decir: "oren, oren, oren", pudo ahorrarse palabras diciendo una sola vez: oren. Sin embargo, al hablar de la oración lo hace en forma repetitiva. Obviamente, está llamando la atención sobre la importancia del tema. Obsérvese, por ejemplo, que nunca ha dicho: conviértanse, conviértanse, conviértanse... o, ayunen, ayunen, ayunen...etc. Porque la prioridad para la Madre es la oración.


Cuando la Virgen hace esta invitación, no es sólo para orar, sino para orar de forma continua. Nótese que la Virgen ha dicho varias veces: "¡Queridos hijos! que la oración sea la vida de ustedes". Entonces, se puede entender esta triple llamada, para que la oración se haga vida en todos sus hijos. ¿Cómo se logra esto? Sólo a través de la oración continua hecha con amor. Y para responder a ella es imprescindible echar mano a los diversos métodos de oración que la iglesia nos propone, puesto que con uno sólo difícilmente se puede avanzar hacia la plena unión con Dios.
Para orar o mantener el ritmo de la oración continua, además del rezo de varias partes del santo Rosario durante el día, se debe reservar espacios para meditar la Biblia, visitar a Jesús Sacramentado, rezar varias partes de la Liturgia de las Horas, repetir jaculatorias durante el día... Y, como recomienda la Madre, buscar espacios y lugares para la oración silenciosa en recogimiento.


La peculiaridad de este nuevo mensaje que la Virgen nos da, está, en que además de invitarnos a la oración frecuente, pide que se aproveche el tiempo (este mes) para la oración personal. Lo cual no suprime la oración en familia o en comunidad. Quienes escuchan los mensajes de la Virgen, saben que la Madre ha pedido muchas veces a las familias rezar cada día el santo Rosario, leer juntos la Biblia... Pero ahora invita a la oración personal. Y no es para abandonar la oración familiar o comunitaria, si no para complementar la misma a través del recogimiento y la soledad. Se trata siempre de otro método de oración. Recuérdese que también Jesús en el evangelio nos enseñó: que donde hay dos o tres reunidos en su nombre Él está allí en medio de ellos. Pero también mencionó: "tu cuando vayas a orar entra en tu habitación y cierra la puerta y tu Padre que escucha en lo secreto te recompensará".Por lo tanto todo discípulo de Jesús y de María práctica ambos métodos de oración.


En el mensaje también dice: "durante el día busquen un lugar donde, en recogimiento puedan orar con alegría". Ese lugar puede ser un rincón de la casa, el jardín, un bosque, una montaña, pero de todos los lugares disponibles para orar, todo cristiano católico sabe que el Sagrario, por antonomasia, es el mejor lugar para orar. Lo importante es buscar el recogimiento y la soledad.

La soledad y el recogimiento en la oración son importantes, porque son herramientas para permitirle a Dios hablar en la profundidad del corazón. Si sólo se reza el Rosario, la Liturgia de las Horas, jaculatorias y no se busca la soledad, el silencio y el recogimiento del corazón, será muy difícil escuchar a Dios, y quien no sabe escuchar a Dios no puede vivir en su voluntad ni enamorarse de Él. Una persona que se sienta enamorada de otra, es porque el amor ha ido fluyendo por medio de la comunicación verbal. Para amar y sentirse amado de alguien, las palabras son esenciales. Sobre todo cuando las palabras son espontáneas, cuando brotan de lo profundo del corazón. En nuestra relación personal con Dios, más importante que decirle todo lo que Él ya sabe, es escucharle. Porque cuanto podamos decirle a Dios en la oración, antes de presentárselo, ya es materia conocida Suya. Sin embargo, muchos fieles no tienen la menor idea de lo que Dios diariamente les pudiera decir, porque oran muy poco.


La Virgen ha dicho: "¡Queridos hijos! que este tiempo sea para ustedes tiempo de oración personal", y ha dicho además, que hay que buscar un lugar adecuado para la oración en recogimiento y con alegría. ¿Qué puede significar orar con alegría?


Una vez dijo la Virgen en un mensaje: "¡Queridos hijos! oren hasta que la oración se transforme alegría en ustedes". Sin embargo, ahora ha dicho: "oren con alegría". Esto puede significar dos cosas diferentes que pueden ir de la mano. Es decir, la primera: que antes de ir a orar yo debo disponerme con alegría para la oración. No debo ir a la oración por obligación, por deber, por necesidad, ni siquiera porque María me lo pide, sino porque amo a Dios. Una persona que tenga a Dios en el primer lugar de su corazón, no tendrá dificultad para orar con alegría. Pero, una persona que tenga un corazón dividido, que esté apegado a las cosas del mundo, a las actividades por encima de Dios... No sólo tendrá dificultad para orar con alegría, sino que sentirá la oración como un gran peso difícil de ejecutar.


La otra razón del porqué la Virgen dice en este mensaje: "oren con alegría",puede hacer referencia a que sólo cuando se ora con amor, en recogimiento, cuando se ora con el corazón, se puede encontrar la alegría. En resumen: lo importante es orar y orar siempre alegre.


También se puede pensar que muchas personas no oran con alegría por no haberse reconciliado con Dios o con el prójimo. O bien, por las heridas profundas y los vacíos que puedan permanecer en el corazón, en estos casos habría que hacerse aconsejar por un sacerdote, perdonar de corazón y hacer una buena confesión.


Al final del mensaje la Virgen dice: "yo los amo y los bendigo". Muchas veces la Virgen en sus mensajes ha destacado cuanto ama a los fieles. Ella sabe que, según los planes de Dios, no todos la pueden ver. Sin embargo, no hay quien no pueda escucharla. Porque cada mes tenemos un nuevo mensajes. Ahora bien, considérese que cuando una persona ama a otra, más que verla simplemente, le gustaría escuchar de sus labios que le dice "te amo". Quien ama a María sabe que es más importante escuchar de sus labios "yo les amo" que verla. Si pudiéramos ver todos a la Virgen y la Virgen permanece callada, no serviría de mucho haberla visto, pero si no viéndola nos dice que nos ama, tiene más valor. Y la Virgen como Madre lo sabe.


También en el mensaje dice: "los bendigo". Quienes podemos estar en el momento de la aparición, seguramente, recibimos los efectos directos de esa bendición, toda vez, que los videntes subrayan que cuando María aparece, extiende sus brazos, ora por los presentes e imparte su bendición Maternal. Pero cuando María en un mensaje que transmite al mundo entero dice: "los bendigo", es porque también quiere hacer participe de su bendición, a quien lee y medita su mensaje.


Para terminar, menciona su acostumbrado: "Gracias por haber respondido a mi llamada". Aún sabiendo que muchos de los que lean y mediten este mensaje no van a responder, de todos modos agradece la acogida al mismo. Lo que refleja la delicadeza y la ternura con que trata a todos sus hijos.


Medjugorje es una gran oportunidad para quien desea vivir conforme a la voluntad de Dios. La llamada que la Virgen hace este mes, tiene como fin: atraer el mayor número de almas hacia la plenitud de vida con Dios; y la Virgen sabe que eso sólo se alcanza a través de la oración continua. La Madre en el cielo, y quienes permanecen con Ella, no tienen necesidad de orar todo el día para vivir la vida plena con Dios. Pero quienes aún estamos en tierra necesitamos la oración como medio eficaz para alcanzar a Dios y transformarnos en su amor. Por eso nos dice: "oren, oren, oren".


¡Sea alabado Jesucristo!


Padre Francisco Angel Verar.

miércoles, 7 de julio de 2010

¿Qué es Medjugorje?



Es un pueblecito pequeño de la antigua Yusgoslavia donde la Virgen María se viene apareciendo desde 1981.
No son unas apariciones marianas más, sino una verdadera fuente de paz donde miles de personas se han convertido y se siguen convirtiendo, donde miles de almas han encontrado la paz en sus vidas, en sus familias y en donde la Iglesia está viviendo un renacer espiritual sin precedentes.

¿Cuáles son los puntos claves de la espiritualidad de Medjugorje?

1. La oración.
2. El ayuno.
3. La lectura de la Biblia.
4. La confesión.
5. La Eucaristía .

Todo enmarcado en una fuerte llamada a la conversión, a un despertar de nuestra fe, a vivirla de corazón y practicarla con nuestros hermanos.
(Fuente:
http://es.groups.yahoo.com/group/medjugorje_paz).
Mensaje del 25 de Junio de 2010.

"Queridos hijos! Con alegría los invito a todos a vivir mis mensajes alegremente, sólo así, hijitos, podrán estar más cerca de mi Hijo. Yo deseo conducirlos a todos únicamente a El, y en El encontrarán la verdadera paz y la verdadera alegría del corazón. A todos los bendigo y los amo con inmenso amor. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!"

lunes, 18 de enero de 2010

Celibato opcional (I)

Antes de escribir lo que pienso acerca del celibato opcional, creo que sería útil que respondiérais a la encuesta, para conocer vuestras opiniones.
Pace Bene.

jueves, 11 de junio de 2009

Entender y vivir la Misa (III): Última Cena-Cruz-Resurrección

Última Cena, Pasión, Muerte y Resurrección conforman una única realidad sacramental, y constituyen la esencia de la Eucaristía.

- En la Mesa, el Señor reparte a los discípulos el pan y el vino, acompañados de las Palabras "Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío. De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros" (Lc 22, 19-20). Con ello hace principalmente tres cosas: una, garantizar su Presencia continua a través del Pan y el Vino (cosa que sólo es comprensible con la Cruz y la Resurrección), y la segunda, declarar una Nueva Alianza en mi sangre, es decir, lo viejo ya no vale para llegar a Dios, ahora todo pasa por Él, por el Hijo, por su Sacrificio (esto tampoco lo entenderían hasta Pentecostés). La tercera, constituye la verdadera comunidad o Iglesia: reunión de hermanos alrededor de la Mesa, en disposición y actitud de servicio y entrega mutuos.

- Al exhalar el Espíritu en la Cruz (Jn 19, 30), Jesús, el Hijo, vuelve al Padre. Ahora vendrá el Paráclito, tal como prometió. Pero es que ahora que se ha ido, descenderá al Pan y al Vino en las manos del sacerdote por las Palabras que constituyen el memorial ("este es mi cuerpo... esta es mi sangre") y por el Espíritu que, derramado una vez en la Cruz-Resurrección, hace presente verdaderamente al Hijo, en cuanto Ofrecido en Sacrificio Redentor (expía los pecados) agradable al Padre (Pan y Vino - Cuerpo y Sangre - Sacrificio Total). La donación mutua del Espíritu entre Padre e Hijo se actualiza en el Sacrificio de la Misa, puesto que Cristo mismo instituyó tal signo, tal sacramento. Nos deja no sólo un recuerdo y unas palabras bonitas, sino una presencia activa, constante, real, total. El Cordero puede ser comido una y otra vez, gracias a la nueva Sacramentalidad inaugurada por Cristo en la Encarnación.

Por tanto, la Última Cena encuentra plenitud y cumplimiento una vez Cristo exhala el Espíritu y resucita. Y es a partir de esas manifestaciones del Resucitado que los primeros cristianos celebran la fracción del pan (así se llamaba al principio).

miércoles, 20 de mayo de 2009

Entender y vivir la Misa (II)

Antes que nada, decía, es imprescindible comprender la naturaleza de lo que celebramos, y cómo se ha ido entendiendo, expresando y concretado a lo largo de los siglos, desde Pentecostés hasta hoy. Así, ¿en qué perspectiva habría que situar lo que llamamos "Sacrificio Eucarístico"? ¿Por qué decimos que Jesús murió por nuestros pecados? ¿Cómo expresa la Eucaristía este Sacrificio?

El Levítico, (caps. 1-7) desarrolla la "Ley de los Sacrificios", según la cual Israel ofrecía al Señor diversos tipos de sacrificios, según la causa y la finalidad que los motivaran: holocausto, oblación, sacrificio de comunión, sacrificio por el pecado del Sumo Sacerdote, sacrificio por el pecado de toda la comunidad, o de un jefe de la comunidad, o de un hombre del pueblo, aparte de otros sacrificios debidos a causas más concretas y específicas.

Así, el sacrificio por el pecado de toda la comunidad, reza como sigue: Si la que obra inadvertidamente es toda la comunidad de Israel –que sin darse cuenta se hace culpable, cometiendo una falta contra alguna de las prohibiciones contenidas en los mandamientos del Señor– apenas se conozca el pecado cometido, la asamblea ofrecerá un novillo sin defecto en calidad de sacrificio por el pecado. Lo llevarán ante la Carpa del Encuentro, y los ancianos de la comunidad impondrán sus manos sobre la cabeza del novillo, delante del Señor. El novillo será inmolado en la presencia del Señor, y el sacerdote consagrado por la unción llevará la sangre a la Carpa del Encuentro. Luego mojará su dedo en la sangre y con ella hará siete aspersiones delante del Señor, frente al velo del Santuario. Después pondrá un poco de esa sangre sobre los cuernos del altar que está delante del Señor, en la Carpa del Encuentro, y derramará toda la sangre sobre la base del altar de los holocaustos, que está a la entrada de la Carpa. Luego extraerá toda la grasa del novillo y la hará arder sobre el altar, haciendo con él lo mismo que hizo con el novillo del sacrificio por el pecado. De esta manera, el sacerdote practicará el rito de expiación en favor de la comunidad, y esta será perdonada. Finalmente, llevará el novillo fuera del campamento y lo quemará como en el caso anterior: es un sacrificio por el pecado de la asamblea (Lev 4, 13-21). Vemos cómo el novillo es desangrado, despedazado y quemado.

En el caso del sacrificio por el pecado, se extrae del animal los riñones, el hígado y la grasa. Y vemos cómo en cada sacrificio se ofrecen, además de toda la sangre, partes diferentes del animal. Pues bien, si vemos cómo estos sacrificios servían para expiar pecados, individuales o colectivos, y que dichos sacrificios se matizaban según la colectividad o no de la falta cometida, no nos resultará difícil entender cómo el Padre, por Amor al hombre, ofrece a su propio Hijo en Sacrificio para librarnos del pecado. Y esto porque:
- Los sacrificios y expiaciones que el hombre ofrecía ya no bastaban: el pecado no quedaba borrado de Israel, la purificación no era total.
- El Sacrificio de Jesús, como hemos dicho, es total, completo, se dona hasta la última gota. Expía todos los pecados: individuales y colectivos, de una vez para siempre. El Hijo se da al Padre por nosotros, en un acto voluntario y plenamente Amoroso: "los amó hasta el extremo" (Jn 13).

La reflexión cristiana postpascual entendió esta dimensión sacrificial de Cristo a la Luz de la Cruz y la Resurrección, con total y clara vinculación a la Última Cena: "este es mi Cuerpo", "esta es mi sangre". Habían recibido un memorial, y empezaron a celebrarlo, conscientes de que al partir el pan, Jesús mismo se hacía presente.

En definitiva, Jesús se sitúa en la línea sacrificial de Israel, y se ofrece a si mismo como víctima por los pecados de todos, en una única entrega, que expia todos los pecados del hombre, para siempre. En nuestras manos y nuestra voluntad deja la elección de adherirnos a este perdón ya dado, del que el Sacramento de la Penitencia es actualización activa y efectiva, y recuerdo confortante. Es esto lo que celebramos en la Misa: damos gracias (Εuχαριστία, eucharistia, "acción de gracias") por el Don de su Perdón, y por el Don de su Presencia.

viernes, 15 de mayo de 2009

Entender y vivir la Misa (I)



Me propongo empezar hoy una serie de post dedicados a la Eucaristía, el Sacramento Central de la Vida Cristiana, tan amado y tan vivido por Francisco. En este camino que empezamos hoy, quisiera hablar y reflexionar sobre la naturaleza de la celebración eucarística, entreverando meditaciones personales, los testimonios evangélicos y de la vida de Francisco, y enseñanzas magisteriales y/o de algún que otro autor de índole pastoral y litúrgico.


Mi propósito no es otro que aportar aunque sea un granito de arena para ayudar a entender, valorar, amar y por ende vivir este Magno Sacramento, en el que y por el que Jesús mismo se hace presente en el altar: ¡Tiemble el hombre entero, que se estremezca el mundo entero, y que el cielo exulte, cuando sobre el altar, en las manos del sacerdote, está Cristo, el Hijo del Dios vivo! ¡Oh admirable celsitud y asombrosa condescendencia! ¡Oh humildad sublime! ¡Oh sublimidad humilde, pues el Señor del universo, Dios e Hijo de Dios, de tal manera se humilla, que por nuestra salvación se esconde bajo una pequeña forma de pan! (CtaO, 26-27).


Pienso, asimismo, que para poder conocer y entender algo, lo que sea, en esta vida, es preciso antes saber de dónde viene, cuáles son sus orígenes y, en la medida de lo posible, averiguar, meditar y estudiar la evolución o evoluciones posteriores que lo han llevado a su actual fisonomía, estructura y forma de aparecer al mundo.

martes, 21 de abril de 2009

La ignorancia religiosa de España


Salía publicado ayer en "El Periódico de Catalunya" que la ignorancia religiosa en nuestro país está alcanzando cotas cada vez más altas y alarmantes. Tanto, que ya asusta incluso a los docentes de otras asignaturas.


Uno de los motivos por el que se enseña Religión en las escuelas es conocer los fundamentos cristianos de nuestra sociedad, pues por ellos ha sido configurada y ha llegado a nuestros días a ser como es: las fiestas, los nombres, nuestras formas de expresión (ya sea oral, gestual o verbalmente), el arte, la cultura, las costumbres... incluso nuestro calendario y la forma que tenemos de contar el paso de los años (a.C., d.C.) están fundamentados y condicionados por una milenaria cultura cristiana. Podía haber sido judía o musulmana, pero ha sido cristiana.


Por otro lado, estudiar Arte o Historia Universal requiere estudiar y repasar nuestras épocas pasadas, en que tantas veces y durante tanto tiempo se han dado sociedades y formas de gobierno católicas, incluso teocráticas. Por tanto, entenderlas requiere conocer qué hay detrás de ellas, es precisa una hermenéutica.


Y dicha hermenéutica no puede practicarse sino sabemos, por ejemplo, qué libros componen la Biblia, porque jamás podremos entender qué controversia tuvo la Iglesia con Galileo Galilei. Ni podremos entender por qué el 8 de Diciembre es festivo y aprovechamos la fiesta de la Constitución para hacer puente, si nadie nos dice que en 1854 Pio IX proclamó a María limpia de toda mancha de pecado original incluso antes de su nacimiento.


Como podeis ver, no se trata de creerse nada, cada cual verá. Se trata de saber de dónde venimos, de saber y entender por qué hay tantas iglesias en nuestras ciudades, o por qué se bautiza a un niño recién nacido, o por qué el Papa habla en contra del preservativo. Es cuestión de cultura, de una formación mínima que nos garantice que sabemos nuestros orígenes como europeos, como españoles. No es una argamasa de datos, es una cultura que nos define, nos configura desde nuestro primer antepasado hasta hoy.


Hay que cerrar el "circulo hermenéutico": preguntar qué hay detrás de nuestra Historia, y una vez entendido, verificarlo con la actualidad. Lo que no puede ser es que, como reza el artículo de El Periódico un niño confunda el altar de una capilla con el sarcófago de una momia. Es sencillamente inaceptable, igual que si yo ahora confundiera mi teléfono móvil con una berenjena (me lo haría mirar). Pero no es culpa del chico, sino de todos nosotros, de esta sociedad que, haciendo caso a ZP y compañía, se complace en desentenderse a todo lo que suena a católico o cristiano, o incluso religioso, cuando resulta que es eso lo que llevamos en nuestras venas: una visión del mundo y del hombre - una sociología y una antropología - cristianas. Y, claro, llega el niño y pregunta que de quién es la momia, o quién rayos era Adán, o qué es eso de la Biblia, o qué es eso que se alza en la plaza del pueblo, que tiene unas campanas colgado, y dos palos entrecruzados en lo alto.


Claro, así nos va. Porque si el niño se llama Luis, tampoco entenderá por qué le felicitamos el día de su santo: "¿Santo?, ¿qué es eso?". Es urgente que la Religión vuelva a las aulas. Que cada cual profese el credo que quiera, o que piense si lo desea que los extraterrestres nos crearon. Pero que por lo menos no sea por ignorancia, y que un día te pueda contestar a la pregunta "¿Quién fue Job?". No es cuestión de credos, o de ser laicos, sino de saber, de ser personas íntegras, cabales y que se preocupan por conocer su pasado, y por qué su presente es como es.

domingo, 5 de abril de 2009

Alabémosle y ensalcémosle por los siglos



1Santo, santo, santo Señor Dios omnipotente, el que es y el que era y el que ha de venir (cf. Ap 4,8):Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.


2Digno eres, Señor Dios nuestro, de recibir la alabanza, la gloria y el honor y la bendición (cf. Ap 4,11):Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.


3Digno es el cordero, que ha sido degollado, de recibir el poder y la divinidad y la sabiduría y la fortaleza y el honor y la gloria y la bendición (Ap 5,12):Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.


4Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo:Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.


5Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor (Dan 3,57):Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.


6Alabad a nuestro Dios, todos sus siervos y los que teméis a Dios, pequeños y grandes (cf. Ap 19,5):Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.


7Los cielos y la tierra alábenlo a él que es glorioso (cf. Sal 68,35; Sal Rom):Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.


8Y toda criatura que hay en el cielo y sobre la tierra, y las que hay debajo de la tierra y del mar, y las que hay en él (cf. Ap 5,13):Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.


9Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo:Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.


10Como era en el principio y ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.


11Oración: Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, todo bien, sumo bien, total bien, que eres el solo bueno (cf. Lc 18,19), a ti te ofrezcamos toda alabanza, toda gloria, toda gracia, todo honor, toda bendición y todos los bienes. Hágase. Hágase. Amén.


Domingo de Ramos. Día de Alabanza, de Bendición al Hijo de Dios, al Dios que tanto ha hecho por nosotros, que tanto nos ha amado, pero que jamás ha pedido nada para si. Es más, entrará montado en un asno en la ciudad santa. E, incluso así, será proclamado Rey de Israel por el Pueblo.


Sumémonos hoy a esta gran Liturgia, con Francisco y todos los santos. El Poverello usaba estas Alabanzas antes de decir cualesquiera de las horas canónicas. Las unía a la Liturgia de la Iglesia, a la Oración diaria en la que proclama que su Señor, su Rey, es Jesús, Pobre y Crucificado.


Es muy fácil decirle hoy "Hossanna, hijo de David", cuando el entusiasmo nos arrastra y nos lleva a una alabanza espontánea, fluida y auténtica. Pero cuando Jesús cena con los suyos, tiembla en Getsemaní, es apresado, interrogado, humillado, acusado, Crucificado... es más difícil estar con Él. Lo fácil es ponerse en su contra y gritar a una con los poderes religiosos: ¡Crucifícale! (no sea cosa que , por serle fiel, también me maten a mí).


Así ocurrió, desde luego. Pero también a nosotros nos ocurre. Nos cuesta pasar con Él la Vigilia del Jueves al Viernes Santo. Ni una hora podemos a veces velar con Él. Es entonces cuando cabe preguntarse cuánto le queremos, y cómo le queremos.


Por eso, debemos disfrutar de este día de Ramos. Pero también tener presente que la Pasión llegará, ha sido anunciada por Él mismo. Velemos, para no caer en tentación. Y el Domingo de Pascua, el Primer Día de la Nueva Creación, podremos cantar y regocijarnos con Él.

lunes, 23 de marzo de 2009

El perdón no es acto, es actitud.

Dice Jesús en el Evangelio de hoy que se debe perdonar "setenta veces siete". Habitualmente se comenta que tal expresión significaba la plenitud, el perdón total, por ser diez veces la cifra que simboliza, en el NT, lo acabado, lo perfecto, en alusión a la Creación.

Pero también hay, desde mi punto de vista, otra forma de verlo, complementaria y expresión de la primera: el perdón no es sólo un acto más o menos difícil o más o menos heroico. Es una actitud o, mejor dicho, una forma de ser, una chispa que brota, desde el gran Fuego de Amor que es Dios, en el corazón del hombre, y prende.

Pero para dejarse prender, ese corazón tiene que estar dispuesto (condición indispensable y anterior a todo discurso sobre la Gracia). No es algo que se logre fácilmente, pues siempre pensamos, en el fondo, que se nos ha arrebatado algo con la ofensa, y que ésta ha golpeado eso que tanto se defiende en la sociedad actual: honor, dignidad, reputación... Incluso se pagan cifras millonarias para compensar "daños al honor", injurias, calumnias... como si miles de euros, todos juntitos, pudieran reparar el daño que se supone hace una ofensa o calumnia.

Cristo no edificó sobre naipes, y su Vida y la Enseñanza Vital que de Ella se desprende se edificó, ante todo, en el Amor al prójimo, y a partir de aquí, toda la ética y moral del Reino: el Ágape. Y sabía muy bien lo que decía: perdonar no es algo puntual, que se hace y se repite, como peinarse o comer. Es más bien la forma de ser del hombre que, pobre de espíritu, nada tiene que reprender o juzgar en los demás, y poca estima se tiene a si mismo, en lo que a honorabilidad y autoafirmación ególatra se refiere. Lo dice muy bien Fracisco en la Admonición 14:
1Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5,3). 2Hay muchos que, perseverando en oraciones y oficios, hacen muchas abstinencias y mortificaciones corporales, 3pero, por una sola palabra que les parezca injuriosa para sus cuerpos o por alguna cosa que se les quite, escandalizados enseguida se perturban. 4Estos no son pobres de espíritu, porque quien es de verdad pobre de espíritu, se odia a sí mismo y ama a aquellos que lo golpean en la mejilla (cf. Mt 5,39).

Y en EP 46 leemos:
Nosotros que vivimos con él vimos con nuestros propios ojos lo que él mismo atestigua: que, cuando algunos hermanos no le atendían en sus necesidades o le dirigían alguna palabra de las que suelen turbar al hombre, en seguida se recogía en la oración y luego, de vuelta, no quería acordarse de ello. Y nunca decía: «Tal hermano no me ha atendido o tal hermano me ha dicho aquella palabra».

Y en esta disposición se mantuvo siempre. Y cuanto más se acercaba al fin de su vida, más cuidado ponía en considerar cómo podría vivir y morir en absoluta humildad y pobreza y en la perfección de toda virtud.

Así, el Poverello, predicaba y vivía el perdón, como expresión del Amor de Dios a los demás, y como signo del desprecio por uno mismo, sabiéndose pecador, indigno de la Gracia de Dios y, por ende, digno de toda reprensión. Tampoco juzgaba al hermano, sino que todo lo atribuía a Dios, quien providentemente le recordaba, a través de los hermanos, sus muchos pecados, como en Flor 8:
Si, cuando lleguemos a Santa María de los Angeles, mojados como estamos por la lluvia y pasmados de frío, cubiertos de lodo y desfallecidos de hambre, llamamos a la puerta del lugar y llega malhumorado el portero y grita: «¿Quiénes sois vosotros?» Y nosotros le decimos: «Somos dos de vuestros hermanos». Y él dice: «¡Mentira! Sois dos bribones que vais engañando al mundo y robando las limosnas de los pobres. ¡Fuera de aquí!» Y no nos abre y nos tiene allí fuera aguantando la nieve y la lluvia, el frío y el hambre hasta la noche. Si sabemos soportar con paciencia, sin alterarnos y sin murmurar contra él, todas esas injurias, esa crueldad y ese rechazo, y si, más bien, pensamos, con humildad y caridad, que el portero nos conoce bien y que es Dios quien le hace hablar así contra nosotros, escribe, ¡oh hermano León!, que aquí hay alegría perfecta.

Por tanto, quien es pobre de verdad, es riguroso consigo mismo e indulgente con los demás; no ve malas intenciones, sino que todo lo pone en manos de Dios, y piensa que tal hermano habrá actuado así por algún motivo; no se turba por un insulto, pues sabe que nada le pertenece, ni siquiera su propio cuerpo; no se irrita, porque no tiene nada que defender; no se defiende, porque no siente que le estén quitando nada, por grave que, objetivamente, sea la ofensa o la calumnia. Sabe que no tiene nada, que es de Dios y a Dios volverá (Jn 13, 1), que Dios Padre le cuida y de todo le provee.

El perdón es la expresión más natural del hombre que está unido a Jesús, y se sabe ya pecador como para juzgar a los demás. "La misericordia se ríe del juicio" (Sant 2, 13). Me pregunto si no hará falta que seamos hoy más signo en este mundo, en el que tantos "derechos" no son tal, sino más bien motivaciones orgullosas y ególatras para no perder posiciones o escalones en la vida política, económica o social. Mantener la propia posición, luchando contra todo lo demás, cueste lo que cueste, sólo para no ser desplazado de una situación, que pende del hilo del honor y la limpieza de imagen ante los demás. Se trata de aparentar, figurar, quedar bien, ser llamativo y atractivo, llamar la atención, ser el centro...

Fijaos en la humildad de Francisco:




Cómo San Francisco enseñó al hermano León en qué consiste la alegría perfecta.

Iba una vez San Francisco con el hermano León de Perusa a Santa María de los Angeles en tiempo de invierno. Sintiéndose atormentado por la intensidad del frío, llamó al hermano León, que caminaba un poco delante, y le habló así:
-- ¡Oh hermano León!: aun cuando los hermanos menores dieran en todo el mundo grande ejemplo de santidad y de buena edificación, escribe y toma nota diligentemente que no está en eso la alegría perfecta.
Siguiendo más adelante, le llamó San Francisco segunda vez:
-- ¡Oh hermano León!: aunque el hermano menor devuelva la vista a los ciegos, enderece a los tullidos, expulse a los demonios, haga oír a los sordos, andar a los cojos, hablar a los mudos y, lo que aún es más, resucite a un muerto de cuatro días, escribe que no está en eso la alegría perfecta.
Caminando luego un poco más, San Francisco gritó con fuerza:
-- ¡Oh hermano León!: aunque el hermano menor llegara a saber todas las lenguas, y todas las ciencias, y todas las Escrituras, hasta poder profetizar y revelar no sólo las cosas futuras, sino aun los secretos de las conciencias y de las almas, escribe que no es ésa la alegría perfecta.
Yendo un poco más adelante, San Francisco volvió a llamarle fuerte:
-- ¡Oh hermano León, ovejuela de Dios!: aunque el hermano menor hablara la lengua de los ángeles, y conociera el curso de las estrellas y las virtudes de las hierbas, y le fueran descubiertos todos los tesoros de la tierra, y conociera todas las propiedades de las aves y de los peces y de todos los animales, y de los hombres, y de los árboles, y de las piedras, y de las raíces, y de las aguas, escribe que no está en eso la alegría perfecta.
Y, caminando todavía otro poco, San Francisco gritó fuerte:
-- ¡Oh hermano León!: aunque el hermano menor supiera predicar tan bien que llegase a convertir a todos los infieles a la fe de Jesucristo, escribe que ésa no es la alegría perfecta.
Así fue continuando por espacio de dos millas. Por fin, el hermano León, lleno de asombro, le preguntó:
-- Padre, te pido, de parte de Dios, que me digas en que está la alegría perfecta.
Y San Francisco le respondió:
-- Si, cuando lleguemos a Santa María de los Angeles, mojados como estamos por la lluvia y pasmados de frío, cubiertos de lodo y desfallecidos de hambre, llamamos a la puerta del lugar y llega malhumorado el portero y grita: «¿Quiénes sois vosotros?» Y nosotros le decimos: «Somos dos de vuestros hermanos». Y él dice: «¡Mentira! Sois dos bribones que vais engañando al mundo y robando las limosnas de los pobres. ¡Fuera de aquí!» Y no nos abre y nos tiene allí fuera aguantando la nieve y la lluvia, el frío y el hambre hasta la noche. Si sabemos soportar con paciencia, sin alterarnos y sin murmurar contra él, todas esas injurias, esa crueldad y ese rechazo, y si, más bien, pensamos, con humildad y caridad, que el portero nos conoce bien y que es Dios quien le hace hablar así contra nosotros, escribe, ¡oh hermano León!, que aquí hay alegría perfecta. Y si nosotros seguimos llamando, y él sale fuera furioso y nos echa, entre insultos y golpes, como a indeseables importunos, diciendo: «¡Fuera de aquí, ladronzuelos miserables; id al hospital, porque aquí no hay comida ni hospedaje para vosotros!» Si lo sobrellevamos con paciencia y alegría y en buena caridad, ¡oh hermano León!, escribe que aquí hay alegría perfecta. Y si nosotros, obligados por el hambre y el frío de la noche, volvemos todavía a llamar, gritando y suplicando entre llantos por el amor de Dios, que nos abra y nos permita entrar, y él más enfurecido dice: «¡Vaya con estos pesados indeseables! Yo les voy a dar su merecido». Y sale fuera con un palo nudoso y nos coge por el capucho, y nos tira a tierra, y nos arrastra por la nieve, y nos apalea con todos los nudos de aquel palo; si todo esto lo soportamos con paciencia y con gozo, acordándonos de los padecimientos de Cristo bendito, que nosotros hemos de sobrellevar por su amor, ¡oh hermano León!, escribe que aquí hay alegría perfecta.
-- Y ahora escucha la conclusión, hermano León: por encima de todas las gracias y de todos los dones del Espíritu Santo que Cristo concede a sus amigos, está el de vencerse a sí mismo y de sobrellevar gustosamente, por amor de Cristo Jesús, penas, injurias, oprobios e incomodidades. Porque en todos los demás dones de Dios no podemos gloriarnos, ya que no son nuestros, sino de Dios; por eso dice el Apóstol: ¿Qué tienes que no hayas recibido de Dios? Y si lo has recibido de Él, ¿por qué te glorías como si lo tuvieras de ti mismo? (1 Cor 4,7). Pero en la cruz de la tribulación y de la aflicción podemos gloriarnos, ya que esto es nuestro; por lo cual dice el Apóstol: No me quiero gloriar sino en la cruz de Cristo (Gál 6,14).

A Él sea siempre loor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Sólo Dios


1 Regla 23, 8-9:


"Amemos todos con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con toda la fuerza y fortaleza, con todo el entendimiento, con todas las fuerzas, con todo el esfuerzo, con todo el afecto, con todas las entrañas, con todos los deseos y voluntades al Señor Dios, que nos dio y nos da a todos nosotros todo el cuerpo, toda el alma y toda la vida, que nos creó, nos redimió y por sola su misericordia nos salvará, que a nosotros, miserables y míseros, pútridos y hediondos, ingratos y malos, nos hizo y nos hace todo bien.
Por consiguiente, ninguna otra cosa deseemos, ninguna otra queramos, ninguna otra nos plazca y deleite, sino nuestro Creador y Redentor y Salvador, el solo verdadero Dios, que es pleno bien, todo bien, total bien, verdadero y sumo bien, que es el solo bueno, piadoso, manso, suave y dulce, que es el solo santo, justo, verdadero, santo y recto, que es el solo benigno, inocente, puro, de quien y por quien y en quien es todo el perdón, toda la gracia, toda la gloria de todos los penitentes y de todos justos, de todos los bienaventurados que gozan juntos en los cielos. Por consiguiente, que nada impida, que nada separe, que nada se interponga. En todas partes, en todo lugar, a toda hora y en todo tiempo, diariamente y de continuo, todos nosotros creamos verdadera y humildemente, y tengamos en el corazón y amemos, honremos, adoremos, sirvamos, alabemos y bendigamos, glorifiquemos y ensalcemos sobremanera, magnifiquemos y demos gracias al altísimo y sumo Dios eterno, Trinidad y Unidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, creador de todas las cosas y salvador de todos los que creen y esperan en él y lo aman a él, que es sin principio y sin fin, inmutable, invisible, inenarrable, inefable, incomprensible, inescrutable, bendito, laudable, glorioso, ensalzado sobremanera, sublime, excelso, suave, amable, deleitable y todo entero sobre todas las cosas deseable por los siglos. Amén".


Es éste, sin duda, uno de los objetivos de la Cuaresma: que Dios sea lo primero en nuestras vidas. ¿Qué estamos dispuestos a hacer para vivirla? Todos tenemos nuestra lista de preferencias, y si somos honestos con nosotros mismos sabremos a qué se inclina antes nuestra alma: si al mundo o a Dios. Que cada cual sepamos verlo y obrar en consecuencia.